Tres, dos, uno

Tres, dos, uno. Probando. Sí. Sí. ¡Ey, sí! Esas eran las palabras que más se repitieron el verano en el que todo pasó. El verano en el que fuimos jóvenes. También en el que fuimos creciendo. Palabras que anticipan felicidad. Esas palabras tan sencillas y tan mágicas que dejaban paso a una noche de compañía. A una noche de plaza y música. De amigos y de amores. Una noche donde los mejores deseos se podían cumplir. Una noche donde pasarlo bien es una obligación. 

La noche más esperada del verano. 

Esa que siempre se presenta picante y juguetona. Una noche en la que las risas y las copas se acompasan en un vaivén tan divertido como necesario. Una noche donde volver a juntarnos. Una noche que nos ha sido arrebatada pero a la que volveremos con más ganas que nunca. 

Una noche en la que nadie se irá a dormir hasta que no se vaya la luna.

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