Como si eso fuera posible

Como si eso fuera posible, el dragón se coló por la ventana de su habitación mientras que, al otro lado, la lluvia intentaba apagar sus llamas. Todo fue demasiado repentino, pero Roberto tuvo los reflejos suficientes como para girar el picaporte a toda prisa, dejando el espacio necesario para que el aterrizaje del dragón fuese, si no perfecto, al menos lo suficientemente plácido para no sufrir más daños. El dragón comprobó que todas sus escamas estaban en su sitio, y que seguía siendo capaz de generar una estela de fuego a pesar de los esfuerzos de la lluvia por acabar con él. Cuando por fin se dio cuenta de que todo estaba en su sitio, miró a Roberto a los ojos y le agradeció que le hubiese ayudado. 

  • Muchas gracias, Rober. Normalmente a los dragones nadie nos quiere ayudar.

Roberto apartó la mirada del dragón y la dirigió hacia el papel de plata que estaba en la mesa. El dragón volvió a lanzar una llamarada que hizo que Roberto cerrara los ojos, esta vez para siempre.

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