Pues aquí lo tienes

Pues aquí lo tienes, después de tanto sacrificio. Espero que lo disfrutes tanto como yo lo rechazo. Pero una promesa es una promesa, y, con esto, doy la mía por cumplida. Espero que a partir de ahora aprendas a convivir con mis decisiones, porque yo sigo teniendo todavía más claro mi camino. 

No me importa que nadie lo comparta. No me importa que nadie lo comprenda. Tiene demasiado sentido para mí como para dejarme guiar por las preocupaciones de los demás.

Puedes colgarlo en la pared y presumir de hijo si quieres. Gracias a ti he aprendido tantas cosas, que ahora no necesito que me enseñes nada más. He comprendido mi camino. Solo te pido que entiendas también el tuyo. Siempre cerca, pero nunca delante. A mi lado, pero nunca encima.

Ha llegado mi momento.

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