La botella

La botella contenía exactamente la cantidad precisa de líquido. Justo la mitad. De eso se había encargado el doctor, para evitar posibles discusiones innecesarias. Hasta la última gota. La pregunta estaba escrita en un papel reciclado con un tono amarillento desgastado. Mi respuesta llegó sin pensar, pero con una contundencia que no dejaba asomo a la duda. Los segundos pasaban con el silencio dominando la escena. Tras un leve carraspeo, Laura cogió la botella y mirando directamente a mis ojos dijo: “creo que lo mejor será separarnos”

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